No hay (casi) nueva música, sólo canciones antiguas con nuevo significado.
Bueno, la verdad es que esta vez hay más cosas nuevas... Y me he enganchado irremediablemente al pop coreano, algo que ni me hubiera imaginado hace un año.
E indiscutiblemente, la canción del verano, aunque algo a mi pesar:
Interludio musical, que se me hace muy pesado ir colgando sólo fragmentos de relato.
Como sabréis (algunos), mañana me toca cantar el Réquiem de Mozart por tercera vez. En el Palau de la Música, señores. De acuerdo, no voy a cantar allí por méritos propios, ni voy a hacerlo como solista ni mucho menos, pero qué demonios. Lo más seguro es que nunca vuelva a pisar el escenario del Palau. Si no es como público, claro. Digamos que es un sueño hecho realidad. Y que tenga que cumplirse de esta manera...
El caso es que la FCEC (Federación Catalana de Entidades Corales) organiza anualmente unos talleres que concluyen con un gran concierto multitudinario. Y este año tocaba Réquiem, y como las del coro en el que canto ya nos lo sabíamos nos apuntamos.
La cosa es que esto de los talleres anuales lo venden como algo super internacional, e invitan a cantar a diversos coros de fuera de España. El lunes pasado, después del segundo ensayo del Réquiem, dichos coros internacionales se presentaron cantando cada uno una canción.
Y allí estaban: un coro de niños austríacos cantando una canción cuya letra decía "calla la boca que yo haré lo que quiera", un coro mexicano entonando un canto dedicado a su ciudad natal, un coro portugués interpretando un poema musicado, un coro polaco cantando gospel. Pero mi favorito fue el argentino, que se ganó una ovación cuando el director anunció que iban a cantar un tango.
Al llegar a casa busqué dicho tango. Aquí lo tenéis. Escuchadlo, porque es precioso. Ah, y tuve que buscar también al llegar lo que significaban ciertas palabras. Viva el español de Argentina. Purrete significa chaval, barrilete significa cometa (el juguete, no el cuerpo celeste) y piolín significa cordel (cordel de cometa, se entiende). Una señora que estaba a mi lado durante el mini-concierto de presentación insistía en que decían "violín" en vez de piolín, y a mí me parecía muy raro que dijeran eso...
Desde chico ya tenía en el mirar esa loca fantasía de soñar. Fue mi sueño de purrete ser igual que un barrilete que elevándose entre nubes con un viento de esperanza, sube y sube.
Y crecí en ese mundo de ilusión, y escuché sólo a mi propio corazón, mas la vida no es juguete y el lirismo en un billete sin valor.
Yo quise ser un barrilete buscando altura en mi ideal, tratando de explicarme que la vida es algo más que darlo todo por comida.
Y he sido igual que un barrillete, al que un mal viento puso fin, no sé si me falló la fe, la voluntad, o acaso fue que me faltó piolín.
En amores sólo tuve decepción, regalé por no vender mi corazón, hice versos olvidando que la vida sólo es prosa dolorida que va ahogando lo mejor y abriendo heridas, ¡ay!, la vida.
Hoy me aterra este cansancio sin final, hice trizas mi sonrisa de cristal, cuando veo un barrilete me pregunto: aquel purrete, ¿dónde está?
Ayer me topé con un vídeo bastante interesante. No habla sólo del feminismo, sino también de los homosexuales y la actitud "femenina" que adoptan a veces. Creía tener unas ideas muy sólidas respecto a esto, pero lo que dice este hombre me ha hecho pensar.
(Hay una transcripción del audio en la descripción del vídeo)
A veces, cuando me voy a dormir, viene mi gato a la cama y duerme a mi lado hecho un ovillo. Y eso hace que me sienta más sola que nunca. Cuando me despierto ya no está allí.
27 de febrero de 2012
Ahora mismo no estoy grabando nada, ni estoy de gira, ni he hecho nunca una canción que haya sido número uno en Beatport. Nunca he salido en Junodownload o Track-it-down. Nunca he sacado ningún vinilo. Pero lo que sé es que llevo escuchando música electrónica muchos años, y tengo todo el derecho a expresar mi opinión en contra de la música prefabricada que sale al mercado día sí y día también, es realmente vergonzoso. Hay una serie de personas que creen que si estás en el top ten de Beatport te estás ganando la vida, cuando lo que de verdad estás haciendo es dejar en ridículo la música electrónica. Yo soy productor, y vengo de la escena underground, y francamente, ya estoy harto. Y vengo aquí a despotricar a los foros porque sé que jamás llegaré a nada, y necesito consolarme de algún modo. Así que cuando no esté hasta el culo de cocaína, me sentaré delante de este ordenador hasta que las ranas críen pelo, y seguiré despotricando y criticando a artistas que de verdad están viviendo su sueño porque sé que yo jamás lo conseguiré.
24 de febrero de 2012
Existen ciertos cambios en la vida de las personas que pueden afectar a la manera en que se habla de ellas. No me refiero a lo que se habla de ellas, sino a la manera en que se habla de ellas.
Por ejemplo: El individuo A nace hombre. Es muy guapo. No obstante, posteriormente el individuo A se somete a cirujía de cambio de sexo y emprende las medidas legales necesarias para cambiarse de nombre y ser una mujer a nivel oficial. Es muy guapa. Este caso es muy obvio.
Pero veamos este otro ejemplo: el individuo B se casa, se va a vivir con su pareja y tienen un hijo.
Fijaos en los verbos: "se casa", "se va a vivir", "tienen". El último está en plural, porque ese individuo que al principio de la frase era singular ha empezado a vivir una vida en plural.
Mi teoría es que los verbos son los testimonios más fieles de los cambios cruciales en la vida de las personas.
Por eso, el cambio más importante en la vida de una persona se ve reflejado en el tiempo verbal. El individuo C deja de ser en presente, y pasa a ser en pasado.
Well, well, well. Hacía mucho que no publicaba nada con la etiqueta-cadencia "traducció cutre". Así que ahí va.
Es un mashup de un brevíiiiisimo fragmento de I Feel Pretty (de West Side Story) y una canción (Unpretty) de un grupo que se llama TLC (never heard of them until now). Y me describe. Bueno, a mí y a todas las chicas y mujeres del mundo. Pero a mí más, qué carajo. Helo aquí:
Advierto que no he acabado de entender algunos trozos. Bueno, no exactamente eso, más bien es que no comprendo por qué la canción va cambiando de sujeto a lo largo... Y a veces incluso en una misma frase. No deja muy claro quién es "yo", quién es "tú", y quién es "él". Por eso me he basado en lo que conozco, lo que pasó en la serie cuando sonaba esta canción y la manera que tienen Dianna y Lea de llevar el dúo, no encuentro otro contexto. No me peguéis. Que por algo la etiqueta se llama "traducción cutre".
Ojalá pudiera ponerte en mi lugar Hacerte sentir tan fea como yo Me dijeron que era hermosa Pero ¿qué significa eso para ti? Me miro en el espejo, y ¿a quién veo? Una chica de pelo largo Soy yo, la misma de todos los días
Aparento estar bien Pero por dentro estoy triste Cada vez que me derrumbo Es por tu culpa Lo he intentado de muchas maneras Pero todo sigue igual Al final, siempre acabo pensando que es culpa mía No lo consigo
Puedes comprarte pelo si no te crece Puedes operarte la nariz si él te lo pide Puedes comprarte el maquillaje más caro que encuentres Pero si eres capaz de ver tu interior Descubre, también, quién soy yo Y verás que puedes hacerme sentir muy fea
Me siento guapa Muy, muy guapa Me siento guapa, inteligente y espléndida
Nunca me había sentido insegura, hasta que te conocí Y ahora me estoy comportando como una tonta Antes creía que era mona Sólo que algo flacucha ¿Por qué estoy haciendo todo esto sólo para complacerte? Tal vez así me deshaga de ti Y vuelva a ser yo misma
Aparento estar bien Pero por dentro estoy triste Cada vez que me derrumbo Es por tu culpa Lo he intentado de muchas maneras Pero todo sigue igual Al final, la culpa siempre acaba siendo mía Sigo sin conseguirlo
Puedes comprarte pelo si no te crece Puedes operarte la nariz si él te lo pide Puedes comprarte el maquillaje más caro que encuentres Pero si eres capaz de ver tu interior Descubre, también, quién soy yo Y verás que puedes hacerme sentir muy fea
Me siento guapa Muy, muy guapa Me siento guapa, inteligente y espléndida Y esta noche me compadezco de toda chica que no sea yo
Me siento guapa Pero fea
26 de octubre de 2011
Je.
Cuando me puse esta foto de perfil en facebook fue sólo porque mi poni favorito (con el cual comparto algunos rasgos, por qué no decirlo) había protagonizado una situación que en su momento encontré hilarante.
YOU'REGOING TOLOVE ME.
Pero es ahora, y justo ahora, cuando esa foto de perfil que me representa en la red social ha cobrado un sentido más trascendental.
Porque me estoy volviendo loca y estoy haciendo cosas de las que jamás me creí capaz.
Sometida a reconocimiento por el club de medianoche, titulo esta historia...
EL AMANECER DE LAS POLILLAS ZOMBI
Todo empezó ayer por la noche. Era bastante tarde, teniendo en cuenta que quería irme a dormir pronto para hoy poder ir a pedir información sobre la beca de la CAF y hacerme de una vez por todas un pase mensual para el tranvía. Así que cuando acabé de ver el primer episodio de la segunda temporada de The Walking Dead, decidí que era hora de irme a dormir.
Yo siempre que me voy a dormir (o falta poco para que lo haga) abro un poco la ventana, para que mientras duerma se ventile la habitación y cuando me levante no huela todo a cerrado. Y digo UN POCO, unos tres centímetros de apertura, para que no entren bichos ni nada.
Pero ayer la situación era ligeramente diferente. Tenía la luz encendida y la ventana ligeramente abierta desde hacía mucho rato. De hecho, miré todo el capítulo de The Walking Dead con la luz prendida y la ventana abierta (una hora de capítulo, y entre que se me colgaba el ordenador y esas cosas, imaginaos el rato).
Así que justo cuando me disponía a apagar la luz e irme a dormir, oí un sordo ploc en la ventana. Y luego el batir de unas alas contra el cristal. Dios mío, me dije. Lo veía desde dos metros, era un bicho enorme, al principio incluso me pareció un murciélago (vuelan muy cerca de mi ventana, tengo una especie de "foco" de luz blanca justo al lado). Me acerqué. Era una polilla, una muy grande. No había entrado, gracias a dios, pero estaba pegada al marco de la ventana, dispuesta a entrar en cuanto abriera la ventana unos centímetros más. Estaba, de hecho, en la parte interior del marco, es decir, que si hubiera cerrado la ventana de verdad hubiera muerto chafada, y yo no quería eso. Los que me conocen saben que en cuanto veo un bicho en casa jamás lo mato, lo saco fuera y ya está. Me daría mucha pena matarlos, y sé que luego tendría remordimientos. (Leed esto si queréis comprenderlo mejor, no tengo ganas de volver a explicarlo.)
No sabía qué hacer. ¿Cerrar la ventana y matarla? ¿Irme a dormir y apagar la luz, sabiendo que tenía semejante bicho menos de un metro de mí, y que podía entrar en cualquier momento si durante la noche soplaba una fuerte ráfaga de viento? Intenté ahuyentarla usando una percha como si fuera un palo, metiéndola por el resquicio de la ventana y empujándola suavemente, pero eso sólo hizo que se encallara más. Entonces tuve la brillante idea de abrir un poquito más la ventana. La empujé otro par de veces para que pillara la idea, abrí un poco y me aparté, convencida de que entonces saldría volando lejos de mí.
Pero entró.
Joder.
Yo sólo le había visto un trozo de las alas y un par de patas, y me había creído que mediría unos tres centímetros de largo, pero no era así. Mirad esta foto, sin ampliarla. Esa era la forma de su cuerpo, a grandes rasgos. Y ese era su tamaño real, sin bromas, sin exageraciones. Era como mínimo el doble de larga de lo que había imaginado.
Y se quedó unos minutos quieta en el suelo, con las alas levantadas y vibrando. En ese momento yo estaba paralizada de puro terror. No me dan miedo los bichos, puedo coger sin ningún tipo de temor arañas, saltamontes, mariposas y polillas... siempre que tengan un tamaño razonable. Sé que és poco racional y que hay bichos pequeños que también pican, pero soy así. Esa mostruosidad de seis centímetros me daba la impresión de ser muy venenosa, y eso que tengo muy claro que ninguna polilla pica.
No sabía qué hacer. Durante unos minudos me quedé mirándola. Si en ese momento la hubiera matado todo hubiera acabado ahí, pero no quería... Y entonces se puso a volar alrededor de la lámpara del techo. Cada vez que chocaba se oían golpes, y su vuelo sonaba igual que el de un abejorro. Entonces hubo un momento de confusión. Yo estaba aterrorizada, y no sé qué hice exactamente ni por qué. Apagué la luz que atraía a la polilla y encendí el fluorescente del lavabo, con lo cual se acercó ahí. Abrí la ventana rápidamente para que saliera, y me metí en la cama mientras oía cómo la polilla, desorientada, se daba golpes contra todo lo que se ponía en su camino. Me tapé la cara.
Al cabo de unos segundos cesaron los golpes, y yo supuse que por fin habría salido por la ventana, aunque no estaba muy segura de que un bicho tan torpe hubiera hecho eso a la primera. Cautelosamente, miré en cada rincón y agujero de la habitación para comprobar que no estaba. Y cuando casi había acabado y estaba a punto de irme a dormir, la encontré posada encima del armario. A esa distancia me era imposible hacerle nada, no alcanzaba esa altura ni subiéndome encima de una silla.
Apagué todas las luces y abrí la puerta que da al pasillo (donde la luz estaba encendida), esperando que saliera siguiendo la luz. Y esperé como mínimo diez minutos a que lo hiciera, pero no pasó nada. Salí a tirar la basura para despejarme un poco, el hombre del accueil de nuit debió flipar al verme salir a esa hora a tirar la basura.
Por aquél entonces yo había logrado calmarme un poco y empecé a pensar en otra manera de echarla, pero no se me ocurría nada que no consistiera en matarla. Intenté ahuyentarla con un spray de acondicionador para el pelo: sólo la alcanzaron un par de gotas que hicieron que moviera las alas, nada más. Intenté que se moviera usando de nuevo la percha, pero no logré tocarla. Ya no sabía qué hacer. Me moría de sueño (con la broma eran pasadas las 4 de la madrugada), y tenía más que claro que no quería compartir habitación con esa polilla-mastodonte. Era imaginármela revoloteando por encima de mi cabeza y posándose en mi frente mientras yo dormía y morirme del asco.
Sopesé atraparla dentro de una cazuela, o algo, pero no me veía con valor suficiente para hacer eso, ¿y si fallaba y lo que conseguía era que la polilla se pusiera encima de mí? No quería ni imaginármelo. Al final me rendí. Tenía que matarla. ¿Pero cómo...?
No sé por qué tardé tanto en ver la solución. Cogí unos pantalones tejanos que tenía para lavar, los empapé de agua y los plegué. Sólo tenía una oportunidad, recé para no fallar. Me subí a la silla y lancé los pantalones hacia la polilla. Quedó atrapada debajo. Suspiré aliviada. Los pantalones goteaban, y durante un instante me imaginé que las gotas de agua cayendo al suelo desde el armario se transformaban en sangre, dando forma al remordimiento que sentía por lo que iba a hacer.
Moví la mesa y la coloqué donde antes había estado la silla. La mesa es unos centímetros más alta, así que usándola tendría más libertad y alcance para lo que me disponía a hacer. Me acerqué a los pantalones que sepultaban la polilla, cogí el bote de detergente líquido (tres litros, para que os hagáis la idea) y "apuñalé" con él los pantalones, asegurándome de chafar del todo la polilla.
Y luego, poco a poco, levanté los pantalones.
Y vi cómo la polilla luchaba por despegar las alas de la tela tejana mojada. Había sobrevivido. La había inmovilizado y mojado con una prenda de ropa empapada, la había chafado con tres litros de peso, y SÓLO se había enganchado las alas en la tela.
Volví a taparla con los pantalones y la aplasté de nuevo con el detergente. Varias veces. Me sentí muy mal.
Levanté de nuevo los tejanos. Ahora no se movía, y su abdomen estaba claramente desgarrado y espachurrado contra el armario.
Me dio mucha pena. Pensé que ella no tenía la culpa de nada, y que jamás me hubiera hecho daño. Maldecí que hubiera tenido que conocerla en esas condiciones. Era un ejemplar realmente bello. Si tan solo hubiera escapado desde el principio... Decidí hacerle una foto, para recordarme a mí misma lo que había hecho.
Y así fue: justo cuando estaba haciéndole esta foto...
... se movió. La jodida polilla se movió cuando mi mano y mi cámara estaban a menos de tres centímetros de ella. Ahogué un grito. Empezó a arrastrarse como un zombi. Por eso la foto salió borrosa.
No me lo pensé dos veces, cogí el detergente y la chafé con todas mis fuerzas, sin tela mojada de por medio, insistiendo en su pequeña cabeza de insecto, mientras gruñía con cada golpe. Me sentí como Andrea, en el episodio que había visto de The Walking Dead*, matando un zombi con un destornillador.
Y eso fue todo. Lavé el bote de detergente, los pantalones, tiré el cadáver de la polilla, despejé la cama y (¡por fin!) me fui a dormir. Y la única moraleja que saqué de todo esto es que jamás, JAMÁS, volveré a tener la ventana abierta y la luz encendida durante la noche.
* Sara, si lees esto, que sepas que no te he hecho ningún spoiler. No es ninguna novedad que en TWD se matan zombis, y esta muerte en concreto no tiene ninguna relevancia para el argumento. Equisdé.
Año 1966. James Brown y su mujer, Betty Jean Newsome, componen It's a Man's Man's Man's World. Newsome escribe la letra, que habla sobre la situación de la mujer en un mundo creado por y para los hombres.
(El año 2003 Joss Stone hace una versión de esta misma canción.)
Año 2011. Beyoncé caga esta tortura auditiva, cuyo mensaje principal es "chicas al poder".
Els meus pares sempre han escoltat el Víctor Jara. Jo quan era petita coneixia les seves cançons, més per inèrcia que per altra cosa. Ens agradava Te recuerdo Amanda, perquè deia "Amanda". I la història que narrava era preciosa...
Un dia, quan era ja una mica més grandeta (potser tenia 12 anys), l'estàvem escoltant al menjador, crec que després de sopar. No sé exactament per què, però en aquell moment jo de sobte vaig comprendre el seu significat. El vaig entendre tan bé que se'm van omplir els ulls de llàgrimes i vaig haver de marxar a la meva habitació perquè no volia que els meus pares i la meva germana em veiessin plorar.
Un cop allà em va venir a la ment la meva àvia materna (havia mort feia poc). I vaig començar a pensar que era injust que s'hagués mort tan aviat (no tenia encara els 70), i que no entenia per què la persona més generosa i amable que coneixia es mereixia un destí com aquell. I el que menys entenia de tot plegat era que Déu ho hagués permès. La meva àvia era molt religiosa, però a mi el que Déu li havia fet em semblava una injustícia. A ella, que li havia confiat la seva vida sencera, la seva devoció i la seva fe. Ella, que ens havia estimat tant a tots. Com ja he dit, era la persona que menys s'ho mereixia.
I vaig continuar plorant. Te recuerdo Amanda havia desencadenat les llàgrimes, i ara ja no plorava per la cançó, no plorava per l'Amanda. Ara plorava per la meva àvia, perquè trobava a faltar que ens enviés cartes cada dues setmanes, perquè no m'havien deixat anar al seu funeral i perquè acababa de descobrir que Déu no existia.
I vaig plorar encara més. Hores. Crec que va ser el primer dia de la meva vida que m'anava a dormir realment tard.
Al cap de tant de temps, ja no plorava per l'Amanda, ni per la meva àvia, ni per mi. Recordo pensar desconcertada: i ara per què estic plorant? I no ho sabia, però seguia fent-ho. I plorar em feia plorar encara més. I recordo pensar gairebé desesperada: Déu meu, vull deixar de plorar, això és absurd. I no podia. Com si estigués deixant sortir tot el que tenia a dins i portava tant de temps reprimint. Pobra Amanda...
Així que al final em vaig rendir, i vaig deixar que les llàgrimes llisquessin. Em vaig adormir plorant, de cansament.
"Aniré a ma mare ben vestit i, abans que res, li hauré de dir que em perdoni per tractar-la sempre així; aniré a la Margarida a fer-li un fill per, només veure’l, intuir que l’estimo més del que m’estimo a mi."